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Colegio "Virgen de Tíscar" - QUESADA -Jaén-

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Lectura: EL TAMBORILERO MÁGICO

Lee el cuento del tamborilero mágico e invéntale un final.


tamborilero.jpg Érase una vez un tamborilero que volvía de la guerra. Era pobre, sólo tenía el tambor, pero a pesar de ello estaba contento porque volvía a  casa después de tantos años. Se le oía tocar desde lejos: barabán, barabán, barabán…
Andando y andando encontró  a una viejecita.
- Buen soldadito, ¿me das una moneda?
- Abuelita, si tuviese, te daría dos. Incluso una docena. Pero no tengo.
- ¿Estás seguro?
- He rebuscado en los bolsillos durante toda la mañana y no he encontrado nada.
- Mira otra vez, mira bien.
- ¿En los bolsillos? Miraré para darte el gusto. Pero estoy seguro de que… ¡Vaya! ¿Qué es esto?
- Una moneda. ¿Has visto cómo tenías?
- Te juro que no lo sabía. ¡Qué maravilla! Toma, te la doy de buena gana porque debes necesitarla más que yo.
- Gracias, soldadito –dijo la viejecita-, y yo te daré algo a cambio.
- ¿En serio? Pero no quiero nada
- Sí, quiero darte un pequeño encantamiento. Será este: siempre que tu tambor redoble todos tendrán que bailar.
- Gracias, abuelita. Es un encantamiento verdaderamente maravilloso.
- Espera, no he terminado: todos bailarán y no podrán pararse si tú no dejas de tocar. tamborilero3.jpg
- ¡Magnífico! Aún no sé lo que haré con este encantamiento pero me parece que me será útil.
- Te será utilísimo.
- Adiós, soldadito.
- Adiós, abuelita.
Y el soldadito reemprendió el camino para regresar a casa. Andando y andando… De repente salieron tres bandidos del bosque.
- ¡La bolsa o la vida!
- ¡Por amor de Dios! ¡Adelante! Tomen la bolsa. ¡Pero les advierto que está vacía!
- ¡Manos arriba o eres hombre muerto!
- Obedezco, obedezco, señores bandidos.
- ¿Dónde tienes el dinero?
- Lo que es por mí, lo tendría hasta en el sombrero.
Los bandidos miran en el sombrero: no hay nada.
- Por mí lo tendría hasta en la oreja.
Miran en la oreja, nada de nada.
- Os digo que lo tendría incluso en la punta de la nariz, si tuviera.
Los bandidos miran, buscan, hurgan. Naturalmente no encuentran ni siquiera una moneda.
- Eres un desarrapado –dice el jefe de los bandidos-. Paciencia. Nos llevaremos el tambor para tocar un poco.
- Tomadlo –suspira el soldadito-, siento separarme de él porque me ha hecho compañía durante muchos años. Pero si realmente lo queréis…
- Lo queremos.
- ¿Me dejaréis tocar un poquito antes de llevároslo? Así os enseño cómo se hace ¿eh?
- Pues claro, toca un poco.
- Eso, eso –dijo el tamborilero-, yo toco y vosotros (barabán, barabán, barabán) ¡y vosotros bailáis!
  Y había que verlos bailar a esos tres tipejos. Parecían tres osos de feria.
 Al principio se divertían, reían y bromeaban. 
- ¡Animo, tamborilero! ¡Dale al Vals!
- ¡Ahora la polka, tamborilero!
- ¡Adelante con la mazurca! 
Al cabo de un rato empiezan a resoplar. Intentan pararse y no lo consiguen. Están cansados, sofocados, les da vueltas la cabeza, pero el encantamiento del tambor les obliga a bailar, bailar, bailar…
- ¡Socorro!
- ¡Bailad!
- ¡Piedad!
- ¡Misericordia!
- ¡Bailad, bailad!
- ¡Basta, basta!

tamborilero2.jpg


- ¿Puedo quedarme el tambor?
- Quédatelo… No queremos saber nada de brujerías…
- ¿Me dejaréis en paz?
- Todo lo que quieras, basta con que dejes de tocar. 
Pero el tamborilero, prudentemente, solo paró cuando los vió derrumbarse en el suelo sin fuerzas y sin aliento. 
- ¡Eso es, así no podréis perseguirme! 
Y él, a escape. De vez en cuando, por precaución, daba algún golpecillo al tambor. Y enseguida, las ardillas sobre las ramas, las lechuzas en los nidos, obligadas a despertarse en pleno día… 
Y siempre adelante, el buen tamborilero caminaba y corría, para llegar a su casa.

Publicado por Ticpri el 10 de Septiembre, 2008, 20:52 | Referencias (0)

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